Me bastan las palabras

Cuando el fulgor

Me deslumbra,

O el vacío me desvela.

Cuando amo

A los que me rodean

O me siento, por ellos, rodeado.

Cuando claramente te distingo

O desapareces de mi lado.

Cuando un inespecífico deseo,

Me ocupa

Y me siento devorado.

Cuando espero,

Como yo espero,

Deficientemente y trastornado.

Cuando la lluvia avanza

Y moja mis sueños

Y seca y amojama mi pecado.

Cuando no sé mirar

Y ver la magia

En lo pequeño,

Cuando se encoge

Mi ánimo y parece robado.

Me bastan las palabras,

-Y tus ojos-

Para que brote el jardín 

Desde adentro; bien amado!

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Escribiendo las palabras para la boda de mi hijo

Si te conociese,

Si -de repente-

Fuera tu cariño

Camino y morada.

Si te supiese

En tus detalles

Y tus claves;

Notas de una canción inacabada.

Si adivinase

Tu ansia

Y despertara en tu sueño.

Si viese tu amor

En tu caminar

y en tu deseo.

Si nombrase tu voz

Y pusiera adjetivos a tu empeño.

Ayer sería mejor

Y, tras la frontera del hoy,

Mañana tú serías grande y yo pequeño.

Vacaciones con Martina

Quizás sea la alegría

Disfrutar al sol

Sin pensar en nada;

Un sombrero, tu el verano

Y el viento en la cara.

Quizás la alegría sea

La feliz noticia susurrada

Que aclara el corazón

Y enciende la mirada.

Quizás tú y tu risa

Y tu malicioso desdén

Y la caricia esperada.

Quizás sea mía,

La que tuya es, la robada.

La que en mi despiertan

Tu cintura y tu falda.

Quizás sea nuestra

Y de Martina en el rostro

Y Martina sea la alegría y la palabra.

Cuando Dios cierra una puerta … abre una ventana

LA PUERTA
Cuando la realidad

Y su cordura

Se apoderan de tus sueños

Y tus ansias.

Cuando se retuerce

La escritura

Convertida en precauciones

Y nostalgias.

Cuando –ciegos de luz-

Mil y un escribas

Dan fe de su estúpida

Prestancia.

Sólo me queda la locura

-amiga mía-

Espada con la que espantar

A la ignorancia.

LA VENTANA
Otra vez,

Fuego en el que arden mis palabras.

Quizá siempre,

Sonido de tu voz

En mis entrañas.

Ahora y cuando,

Tu nombre busque mi deseo,

Al viento que galopas nuevamente;

Corazón que anhela su mañana.

Dos poemas mientras espero, que otros, decidan mi futuro

LA ESPERA
Suspendido

Ingrávido

Absolutamente solo

Inevitablemente extraño

Silente espectador

Desde el otro lado del espejo.

Distraídamente atento

Profundamente otro

Extremadamente quieto

Humanamente átono

Aguardando el milagro

En el borde del abismo

Abandonado al “fatum”;

Una pequeña luz,

Al fondo de mí mismo.

LA ESPERANZA
Y si el caos se ordenara

Finalmente

Fruto del sueño y la constancia

Y si el velo de la sombra se rompiera

Pariendo un mundo nuevo

Y un mañana

Y si tú que me ves, pero me ignoras

Te vieses como te veo

-Antigua amiga-

Un nuevo orden se alumbrara

Del amor y del fuego

De mis días.

En tiempos de miedo; un poema de Kavafis

Esperando a los bárbaros
-¿Qué esperamos congregados en el foro?

Es a los bárbaros que hoy llegan.
-¿Por qué esta inacción en el Senado?

¿Por qué están ahí sentados sin legislar los Senadores?

Porque hoy llegarán los bárbaros.

¿Qué leyes van a hacer los senadores?

Ya legislarán, cuando lleguen, los bárbaros.
-¿Por qué nuestro emperador madrugó tanto

y en su trono, a la puerta mayor de la ciudad,

está sentado, solemne y ciñendo su corona?

Porque hoy llegarán los bárbaros.

Y el emperador espera para dar

a su jefe la acogida. Incluso preparó,

para entregárselo, un pergamino. En él

muchos títulos y dignidades hay escritos.
-¿Por qué nuestros dos cónsules y pretores salieron

hoy con rojas togas bordadas;

por qué llevan brazaletes con tantas amatistas

y anillos engastados y esmeraldas rutilantes;

por qué empuñan hoy preciosos báculos

en plata y oro magníficamente cincelados?

Porque hoy llegarán los bárbaros;

y espectáculos así deslumbran a los bárbaros.
-¿Por qué no acuden, como siempre, los ilustres oradores

a echar sus discursos y decir sus cosas?

Porque hoy llegarán los bárbaros y

les fastidian la elocuencia y los discursos.
-¿Por qué empieza de pronto este desconcierto

y confusión? (¡Qué graves se han vuelto los rostros!)

¿Por qué calles y plazas aprisa se vacían

y todos vuelven a casa compungidos?

Porque se hizo de noche y los bárbaros no llegaron.

Algunos han venido de las fronteras

y contado que los bárbaros no existen.
¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?

Esta gente, al fin y al cabo, era una solución.